El suicidio en tiempos de crisis
La cifra de personas que se quitaron la vida estos últimos años en la provincia de Valencia se mantiene estable pese a la situación económica
IGNACIO CABANES VALENCIA
El sociólogo francés Emile Durkheim ya apuntó en su obra El Suicidio (1897), referente para estudios posteriores sobre el comportamiento humano y su capacidad de autodestrucción, que «el suicidio no es un fenómeno individual sino que se debe al resultado que la sociedad realiza sobre el individuo». Ante tal afirmación no es descabellado pensar que la situación económica de un país pueda influir en el número de suicidios que se producen cada año entre sus habitantes. Sin embargo, pese a lo que a priori se pueda pensar y a las últimas muertes de personas que optaron por quitarse la vida antes de ser desahuciadas, los datos del Instituto de Medicina Legal (IML) de Valencia descartan una relación directa entre la cifra de suicidios y la crisis económica.
Así, según la última memoria del IML de Valencia, que analiza los resultados de las autopsias realizadas en la provincia y la etiología de la muerte, en el año 2011 se contabilizaron 184 suicidios, 24 muertes menos que en 2010, donde se registraron 208. Estos son los últimos datos de los que se dispone sobre el número de suicidios en la provincia de Valencia, ya que todavía no se ha contabilizado el número de fallecidos y sus distintas causas en lo que llevamos de 2012 y que el Instituto Nacional de Estadística (INE) dejó de reflejar los datos de los suicidios en España en el año 2010.
Esta ligera bajada en el número de fallecidos por esta causa, que también se observa en el año 2010 (208 suicidios) respecto del 2009 (222), se atribuye a un estancamiento en la evolución de la población, que incluso descendió en la provincia de Valencia en 2011, según datos del INE. «La tasa respecto al número de habitantes no varía considerablemente de un año a otro», destacaron fuentes del IML, quienes compararon la gráfica con un cardiograma sin subidas ni bajadas pronunciadas. «Si la crisis hubiera afectado al número de suicidios habríamos detectado un incremento importante en el año 2009 cuando la tasa de paro subió de forma muy brusca», apuntaron estas mismas fuentes.
Algunos expertos en sociología atribuyen incluso una relación directa entre un notable crecimiento económico y un aumento del número de suicidios. Así, sostienen que se dan más casos de suicidio entre personas con ingresos elevados.
No obstante, la muerte de tres personas que decidieron acabar con su vida cuando iban a perder un derecho fundamental como es la vivienda, en un periodo de menos de un mes, ha hecho saltar las alarmas ante la posibilidad de que la crisis económica pueda hacer que se dispare el número de suicidios.
Desahucios
La primera de estas muertes que alcanzó el rango de noticia, si bien en los medios de comunicación se obvian este tipo de sucesos para evitar el efecto llamada, fue la de un hombre de 54 años que se ahorcó en Granada el pasado 25 de octubre antes de ser desahuciado. Ese mismo día un valenciano se intentó quitar la vida saltando al vacío desde un segundo piso, en Burjassot, por motivos muy similares. Posteriormente, el 9 de noviembre, la muerte de Amaia Egaña volvía a golpear la sensibilidad de todos los españoles, incluidos los políticos, que optaron por tomar medidas ante lo que ya era una problema social difícil de ocultar. La ex concejal socialista de 53 años se arrojó desde la ventana de un cuarto piso en Barakaldo cuando la comisión judicial de lanzamiento iba a desahuciarla.
El último caso del que se han hecho eco los medios de comunicación es el de un hombre de 50 años que murió en Córdoba, el pasado 16 de noviembre, tras arrojarse desde la segunda planta de la vivienda en la que vivía de alquiler cuando su familia iba a desahuciarle. En este caso en concreto existían problemas familiares y la víctima se encontraba en tratamiento psicológico.
Fuentes del IML explicaron que es difícil establecer una estadística de los motivos que llevan al suicidio y que en la mayoría de casos influyen varios factores, como en el caso de Córdoba. Personas que han perdido su trabajo o están en paro, que han roto con su pareja y no tienen el soporte de una familia y que además tienen problemas de depresión. En estas situaciones es muy complicado determinar qué fue lo que llevó al suicida a tomar la decisión de quitarse la vida, por lo que no se pueden establecer agrupaciones.
Asimismo, en un gran número de casos se da una patología suicida previa. De hecho, «la enfermedad mental constituye un factor de riesgo suicida», según queda acreditado en la tesis doctoral «Estudio Médico Forense del Suicidio Consumado en el Partido Judicial de Valencia 1992-1997, elaborada por Santiago Rincón. En dicho estudio, en el que se analizan los suicidios ocurridos durante seis años en la ciudad de Valencia, se aprecia que el 52,1 por ciento de la población suicida tenía antecedentes previos de enfermedad mental, y que el trastorno con mayor frecuencia es la depresión.
En esta misma tesis se establece que los hombres se suicidan en un porcentaje tres a cuatro veces mayor que las mujeres, a excepción de cuando superan los 65 años de edad, donde las cifras se equiparan entre hombres y mujeres. Es precisamente este grupo de edad, superior a los 65 años, el que mayor riesgo suicida presenta. Estos datos, que corresponden a la década de los 90, no han variado mucho y en la actualidad un 70 por ciento de los suicidas siguen siendo varones, según corroboraron en el IML de Valencia.
Suicidio anómico en Grecia
Mientras que en España no se observa por el momento un incremento significativo en la tasa de suicidios, en Grecia, por contra, el número de suicidios e intentos de suicidio ha aumentado un 37 por ciento entre los años 2009 y 2011, según los datos presentados esta semana en el Parlamento por el Ministerio de Orden Público. Aunque fuentes gubernamentales no quieren relacionar estas muertes con la crisis, la situación que atraviesa el país heleno ha hecho que algunos psicólogos hablen de «suicidio anómico», término que acuñó el propio Durkheim. Este tipo de suicidio se debe a cambios sociales o económicos bruscos, a los que el individuo es incapaz de adaptarse.
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