La crisis no la solucionaremos con los votos a los partidos y con las luchas sindicales de opereta a las órdenes de sindicalistas profesionales con nómina segura, y tampoco de la mano de empresarios incapaces de generar puestos de trabajo
Estamos al principio del fin del llamado sistema capitalista
Marcel Mariner
Está ya presente en nuestra España. Paro muy extendido en los dos cónyuges… y desahucio por impago. ¡Dicen en prensa y televisión! Se han tomado medidas. ¡Dicen en televisión! Y la pobre banca tampoco tiene dinero. ¡Pobrecita! ¿Recuperará las deudas debidas por parte del desahuciado? Es decir situación económica y laboral no imputable a las familias afectadas. Hijos menores. Tomar la decisión de -viéndose sin nada- quitarse la vida, manual en mano, es un acto de rendición. ¡Acto de cobardía del prójimo, menos mal que yo soy valiente! ¿Alguien piensa así? ¿En caso afirmativo se lo cree? ¿Alguien se juzga a sí mismo como bienaventurado?
La fe es don de Dios. La caridad también. Pero esta última es también don del hombre en la medida que por Amor a Dios, dejándose amar por Él, en vez de limitarnos a ver las noticias y de rezar por nuestro prójimo, continuamos rezando por él y en vez de protestar (en la calle o con el “no hay derecho” ante la tele, cambiando nuestra intención de voto) lo atendemos en lo personal y nos involucramos en proyectos solidarios sin juicios de valor. El prójimo no está lejos. Es nuestro vecino de la esquina.
Es un tema difícil. Pues nos obliga a todos a salir de nuestro caparazón. A veces el caparazón es muy pío. La mayoría de las veces es el clamor de la insatisfacción hacia la incompetencia de quienes nos mandan, bajo nuestro particular prisma de valoración. ¿Dónde está la creatividad en fundar fórmulas nuevas? En el reciente Congreso de E Cristians se habló de la economía de comunión, con estadísticas muy concretas. Se habló de ella no como proyectos solidarios para el tercer mundo, sino como fórmula económica para el primer mundo a partir de los logros cosechados en el tercero.
Aceptar estas situaciones de hecho de vida inhumanas sin convertirse más a Dios es algo así como esperar peras del olmo. ¿Podemos hacer algo? Podemos ver lo que hombres y mujeres, muchas veces en solitario, hacen hoy en tierras de misión, aquellas que no hace muchos años se llamaban del tercer mundo.
Éste no es preciso buscarlo fuera. Está instalado en nuestro primer mundo, que parece que de primero no tiene nada. Digo parece, pues su primacía debemos verla a partir de nuestra común historia en nuestro maltrecho y común presente.
Este tema de la crisis no lo solucionaremos con los votos a los partidos y con las luchas sindicales de opereta a las órdenes de sindicalistas profesionales con nómina segura.
Tampoco de la mano de empresarios incapaces de generar puestos de trabajo en tiempos económicos empresariales malos. Lo solucionaremos todos con las Obras de Misericordia, tanto las corporales como las espirituales. Rezando más y descubriendo en nuestro interior la palabra compartir. El cómo es la creatividad, la gran asignatura pendiente en el mundo político, empresarial, sindical y financiero.
Los agoreros de los mitos paganos hablan una vez más del fin del mundo. Lo que parece es seguro es que estamos al principio del fin del llamado sistema capitalista, entre otras cosas porque no hay revolucionarios ni revoluciones que lo puedan superar o transformar. Es una gran e ineludible oportunidad para, aumentando nuestra Fe en Jesús de Nazaret, aprender a dejarnos Amar por Él amando a nuestros semejantes. No bastan las palabras. Y éste es el reto a nuestras conciencias. Por lo menos a la mía.
Navidad es saber instalarse en el pesebre de Belén por el tiempo preciso. Navidad es también la escapada a Egipto con lo puesto y en familia, entendiendo por Egipto la capacidad de dejarlo todo, de dejar nuestro presente, haciendo de él el pasado que nos proyecte con fuerza desde el presente de nuestras vidas a la construcción de un mundo mejor para nuestros hijos.
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